Ley Justina

Soy donante de órganos voluntario desde las primeras campañas del INCUCAI. Técnicamente hablando el acto jurídico se denomina “de última voluntad”, es una acto jurídico voluntario que se realizaba en vida sobre nuestros órganos vivos, pero con el dictámen final de un médico que sentenciaba que existía muerte cerebral sin posibilidad de recuperación. No es como piensan muchos que es una decisión sobre un cadáver.

Dicho acto jurídico era uno de los más altruistas que se podían imaginar, los que donábamos lo hacíamos sin mirar a quien. No nos importaba si eran donantes o no de órganos, solo nos interesaba salvar muchas vidas.

El acto jurídico se realizaba al momento de renovar nuestro documento de identidad y nos daba tres opciones.  (Como se puede apreciar en la imagen)
1) Donante de órganos
2) Negativa a donar
3) No manifiesta voluntad

No manifiesta voluntad: Esta tercera opción era claramente la opción de que nuestros familares directos tomaran la decisión en el momento oportuno. Y era básicamente para aquellas personas que no tenían en claro que hacer con sus órganos vivos y delegaba en sus seres queridos la palabra final.
Hay muchos casos en los cuales la línea entre muerte cerebral y estados de conciencia no son tan claros para los médicos.

La Sociedad Argentina de Transplantes se ha manifestado en contra de la Ley Justina, justamente por el motivo que el Estado pasa por encima de la decisión en vida de las persnas y por encima de la decisión de los familiares. Cuestión que no ocurre en ningún pais del mundo.
(Leer la carta en este enlace)
http://www.sat-argentina.com/institucional

Ahora todo ha cambiado:
Lo primero que hay que aclarar es que Justina Lo Cane no se hubiera salvado de existir esta ley, ya que la misma se aplica a mayores de 18 años y Justina necesitaba un corazón compatible de su edad.

La nefasta lista del INCUCAI:
Ahora el Estado decide por nosotros en vida y nos obliga a inscribirnos en un listado por la negativa a donar. Inmediatamente aparecieron las personas a decir “que el que no dona no debería recibir órganos”. Invito a dichas personas a ver lo egoista de su posición,  los invito también a que vean que el Estado ahora nos vuelve a meter en una guerra entre nosotros cuando con la ley anterior no existía.  (Se hace el bien, sin mirar a quien).
Puede ocurrir que sea tu hijo, tu hermano o tus padres los que no quieran donar ¿Los vas a condenar a muerte porque toman una supesta equivocada decisión?
Puede ocurrir que un donante presunto sea un violador asesino de niños. 
¿Entonces es mejor donarle un órgano a él, solo por el simple hecho que es donante presunto? Como verán la lista de a quien darle y a quien no darle un órgano empieza a crecer y todo porque el Estado se metió entre nosotros.

Pero lo más importante. Si esa lista, cae en malas manos en el futuro, no sabemos las nefastas consecuencias que puede producir hacia el honor de las personas. Nadie merece correr el riesgo de ser escrachado como mala persona porque se niega a donar sus órganos.

Cada persona es única y somos casi 40 millones de adultos en Argentina. No se puede meter a todos en la misma bolsa. Las causas por las que alguien no quiera donar pueden ser muchas, incluidas las religiosas que hay que respetar.

El Estado no debería meterse en nuestras decisiones personalísimas en vida, no somos un pedazo de carne a transplantar. EL FIN NO JUSTIFICA LOS MEDIOS

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